¿VOLVER AL SIGLO XVI?

lunes, septiembre 15


Desde Perú me escribió un hermano miembro de una Iglesia Reformada, para plantearme una pregunta muy interesante, que además me recordó una conversación que tuve hace muy poco con un alumno del Instituto Reformado De Chile. Pregunta que por lo demás, encontré muy acertada y contingente.

La pregunta en cuestión es: ¿Usted quiere que la Iglesia Presbiteriana vuelva al Siglo XVI? Permítame unos momentos para responder esta interesante pregunta.


Durante algunas horas a las semana dedico un tiempo para mirar los blog's y páginas web de algunos hermanos presbiterianos de diferentes lugares del mundo y por supuesto de diferentes Iglesias Presbiterianas. En ellas contemplo la preocupación del momento de dichas Iglesias. Y he encontrado que en muchas de ellas existe una gran preocupación teológica. Fíjese usted los siguientes temas que se presentan en estos sitios: "Los atributos comunicables e incomunicables de Dios","Los nombres y la esencia de Dios","Objeciones al nuevo nacimiento","Conocimiento de Dios","Teólogos contemporáneos", "Las últimas publicaciones de tal o cual teológo", etc. ¡Uff, eso es demasiado para mí!

En este sencillo lugar de reflexión pública que hago. Mis preocupaciones son más humildes, más de casa y por supuesto mucho más sencillas. En estas páginas no pretendo hablar tan elevadamente. Contemplando estos blog's...meditaba. ¿Y si mejor no hablaramos de cosas más sencillas? De cosas y elementos más de la vida cristiana y fundamentalmente de nuestra adoración a Dios. Son cosas simples, pero sin duda, las más elementales para entender a un presbiteriano. Un presbiteriano que habla de "los atributos de Dios" o "La doble predestinación" como tema de vital importancia para las Iglesias de hoy, seguramente ya habrán superado la simpleza del culto a Dios. En estas lineas que expongo, no pretendo hacer más teología de escritorio, aunque reconozco el valor y el aporte al desarrolo de la Iglesia actual. Mi camino va por otro carril en este momento. Lo primero, es que los presbiterianos debemos volver a los origenes del culto, la liturgia y el sentido de la gloria de Dios. El camino es que, volvamos a la adoración que caracterizó a nuestros primeros hermanos, que nuestros cultos tengan el sentido, la reverencia, y la majestuosidad de un culto al Dios Vivo, eterno y glorioso. Que la música de nuestros cultos sea música religiosa y no festivalera, que en nuestros púlpitos se hable de Dios y no de nuestras experiencias personales, que se deje fuera de nuestras Iglesias a Arminio, las nuevas corrientes "evangélicas", que nuestra manera de vestir en el culto refleje la majestuosidad de nuestro servicio a Dios, que los sacramentos tengan el valor y la dignidad que merecen. Si logramos esto en nuestras Iglesias, entonces hablemos de los temas que queramos. Por ahora, mi lucha es esa, que nuestras Iglesias vuelvan a ser Presbiterianas en su origen y esencia. Respondiendo a mi hermano Andrés que me escribió desde el Perú: No hermano, no quiero que la Iglesia presbiteriana vuelva al Siglo XVI. Quiero que vuelva a la Biblia.


SOLO A DIOS LA GLORIA...AMÉN.

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