¿QUÉ ES SER PRESBITERIANO?

martes, noviembre 25

Me he permitido citar este comentario del rev. Angus Stewart y cuya traducción pertenece a Marcelo Sáchez. Por encontrar en su cándida sencilléz y claridad la profundidad y majestuosidad del pensamiento reformado. La mayoría de los sitios dedicados a los pensamientos presbiterianos se pierden en comentar conceptos teológicos a mi juicio, que son propios de seminarios de teología. Pero incapaces de golpear el corazón del presbiteriano promedio. He aquí entonces, la teología hecha evangelio, lo dificil hecho simple. Un maravilloso artículo en verdad. (Tomado de la página reformadoreformandome.wordpress.com)


Es un verdadero Presbiteriano alguien que participa, o es miembro de, una iglesia Presbiteriana? ¿O es un devoto Presbiteriano quien cree y vive de acuerdo a las doctrinas bíblicas del Presbiterianismo como son expuestas en la Confesión de Fe de Westminster (CFW)?
La circuncisión y el asistir a las sinagogas no hacían a un hombre un judío, “sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón” (Rom. 2:29). De la misma manera, es un Presbiteriano aquel que lo es interiormente y cree desde su corazón las doctrinas históricas del Presbiterianismo.
Para un Presbiteriano devoto, los 66 libros de la escritura son la suprema regla de fe y vida (CFW 1:2), no la ciencia incrédula ni la corrección política. Él también cree que “algunos seres humanos y ángeles son predestinados y preordenados para vida eterna, y otros preordenados para muerte eterna” (3:3); que Cristo murió sólo por la humanidad elegida (3:6); y que el libre albedrío es una herejía (9:3). Él no mira sus propias obras para su salvación (16:5) sino que sólo la santidad justificadora de Cristo (11). Él se regocija en el pacto de Dios (7), lo que requiere el bautismo de los creyentes y sus hijos (27:1; 28:4). Él cree que la Mesa del Señor debe ser supervisada por los presbíteros para que se les niegue la admisión a “los ignorantes y los malvados” (29:8). Él confiesa que “la forma aceptable de adoración al Dios verdadero, está instituida por El mismo, y está de tal manera limitada por su propia voluntad revelada, que no debe ser adorado según las imaginaciones e invenciones del los seres humanos … o en alguna otra forma que no esté prescrita en la Biblia” (21:1). En su casa, él practica el culto familiar (21:6) y en todas las áreas de su vida él busca obedecer los diez mandamientos por gratitud hacia Dios (19:6). Él evalúa las iglesias por las tres marcas, a saber “según como sea enseñada y abrazada la doctrina del Evangelio, se administren los sacramentos, y se celebre en ellas con mayor o menor pureza la adoración pública” (25:4). Él también se opone a la iglesia del papa de Roma por estar “contra Cristo, y contra todo lo que es Dios” (25:6) y entiende que la misa es “es la injuria más abominable al único sacrificio, Cristo” (29:2).
Tristemente, los Presbiterianos devotos son escasos hoy, aunque los ministros y presbíteros Presbiterianos juran seguir las doctrinas de la Escritura como están expuestas en la Confesión de Westminster. Dios advierte que los líderes de las iglesias recibirán mayor juicio (Santiago 3:1). Aquellos que aman a Cristo y su iglesia lamentan el estado del presbiterianismo y exhortan a los presbiterianos a volver a la Confesión de Fe de Westminster.