¿EXISTEN CALVINISTAS EN CHILE?

viernes, mayo 15


Quiero partir esta reflexión con esta pregunta:¿Existen Calvinistas en Chile?
Y antes de que se apresure a responder quisiera exponer mi pensamiento al respecto: En las Iglesias presbiterianas que conozco (perdonen si hay alguna), no se enseña a nadie a ser un Calvinista. En mi experiencia eclesial, por ejemplo, el día de la reforma protestante no pasa de ser un mero acto por cumplir casi por inercia con la “obligación” de hacer un culto “reformado”. Se repiten las mismas frases de siempre, se cantan himnos especiales, se invitan coros de voces a cantar, se predican sermones alusivos al tema……y eso fue el día de la reforma. Al otro día nadie se acuerda de que es Calvinista.
No sé si existan en las Iglesias presbiterianas de chile algunos “idealistas” que se preocupen por conocer y recuperar la tradición Calvinista para sus Iglesias.
Desafortunadamente, no conozco ningún intento de ninguna Iglesia, de ningún pastor o presbítero que esté interesado en recuperar a Calvino para la Iglesia presbiteriana. Hoy la preocupación pareciera ser otra, fundamentalmente, en conseguir una “espiritualidad” a toda prueba, y en llenar nuestros templos. Efectivamente y con pena afirmo: ¡NO HAY CALVINISTAS EN CHILE!
Son pocos, muy pocos en realidad, los espacios y los tiempos que se da en la Iglesia para ser Calvinista. Uno que otro apasionado por aquí y por allá, una conversación de pasillo acerca de Calvino, un comentario (generalmente negativo), acerca de la obra de Calvino, una crítica a su personalidad y nada más. ¡Si hay presbiterianos que ni siquiera les importa Calvino!
Es cierto, eso sí que a veces se pronuncia el nombre de Calvino como un recordatorio de que nuestra Iglesia es producto de su obra. Con pena debo decir también que la misma Iglesia mira con resistencia y temor casi como si se hablara de una herejía cuando se menciona alguna práctica de la Iglesia Calvinista olvidada y superada por las corrientes cristianas modernas, como la música del culto por ejemplo.
Hoy los presbiterianos no nos diferenciamos en nada de otras corrientes religiosas en boga. Entonces: ¿Para qué ser presbiteriano? Si el ser presbiteriano hoy significa un alejamiento y desconocimiento de nuestra historia, de nuestra tradición, de nuestra teología (ser presbiteriano no significa solo creer en la doctrina de la predestinación o conocer las cinco “Solas”) entonces, Calvino queda fuera de nuestras Iglesias, su pensamiento, su obra, su fuerza quedan relegadas, arrumbadas en algún rincón de nuestras Iglesias. Si tuviéramos que explicarle a alguien qué es ser presbiteriano o Calvinista hoy. ¿Cómo lo haríamos? ¿Qué le diríamos? Seguramente, recurriríamos a los consabidos clichés de que “Somos una Iglesia protestante, con profundas raíces históricas…”, o “Es un movimiento religioso de protesta contra roma, iniciado por Calvino”. Pero en la práctica queremos a Calvino fuera de nuestras Iglesias.
Es una pena, pero la verdad es incuestionable. ¡No hemos enseñado a nuestros laicos a ser Calvinistas! Les hemos enseñamos a ser cristianos neutros. A copiar los “modelos” cristianos exitosos, a parecernos cada día más al cristianismo que “vende”; Nuevamente pregunto: ¿Cómo ser verdaderos Calvinistas, si el propio Calvino y su pensamiento son desconocidos para los “herederos” de su obra. El problema, el verdadero problema no es el ignorar el legado de Calvino, lo que se solucionaría enseñando acerca de él. Sino que es
más bien el no querer dejar entrar el pensamiento Calvinista a nuestras Iglesias. Es cierto también. Calvino no es Dios. Y nada más lejos del pensamiento del reformador ginebrino de ser objeto de idolatría en las Iglesias presbiterianas. Calvino no es Dios. Fue un hombre como todos nosotros, sujeto a pasiones y errores los cuales reconocemos y hasta hoy nos apenan.¿Pero alguien se atrevería a decir que Calvino no fundamentó su doctrina y práctica religiosa en la Biblia? ¿Algún otro reformador que haya puesto tanto énfasis en la soberanía de Dios? ¿Qué otro teólogo le preocupó tanto el sentido del culto?
Calvino nos legó, lo que Dios quiso reformar de la Iglesia. Finalmente, el gran reformador, y entiéndase bien no “RENOVÓ” la Iglesia sino que la REFORMÓ.
En el año del Jubileo de Juan Calvino.
SOLI DEO GLORIA.

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